La mosca heroína, la arveja y la muerte
Julio 4, 2008Tres estudiantes franceses terminaron en 2007 sus estudios en la Escuela de Animación de Orly con un corto que hubiera deleitado a Augusto Monterroso.
El cortometraje, de seis minutos de duración, narra una sencillísima historia en la que varias moscas recién nacidas tienen actitudes muy parecidas a las de los seres humanos.
El corto se llama Petits pois / Carottes, está protagonizado únicamente por los seres vivos más amados por el escritor guatemalteco Augusto Monterroso (1921-2003), sus autores son tres estudiantes llamados Cédric Berthier, Jean-Sebastien Leroux y Maximilien Royo y sirvió como examen final para que los tres terminaran su carrera de tres años en la Ecole Européenne Supérieure d’Animation (Orly, Francia).
Esta vez no hay asociaciones libres ni ilícitas entre viejos bluses porteños y nuevos homenajes políticos, sino lisa y llanamente el deseo de transmitir el placer por mirar una pequeña historia bien narrada y mejor producida.
Todo comienza cuando un grupo de larvas comienza su metamorfosis dentro de una heladera, en un plato ocupado por un trozo de carne que probablemente ya tenga muy poco de comestible… para los seres humanos. Todas se convierten rápidamente en moscas y parten hacia el mundo exterior dispuestas a explorarlo todo. Menos una, más tímida y traumada, que no sólo tarda un rato más que las demás sino que, a cada paso que da, duda, se asusta y no sabe bien qué la espera.
Si Petits pois / Carottes fuera un largometraje, estaría claro desde la primerísima toma quién sería la protagonista de cabo a rabo. Siendo un corto también lo es, aun sin nombre, pero uno como espectador no llega a encariñarse demasiado con ella: cuestión de tiempo, probablemente.
La producción, que a Berthier, Leroux y Royo les llevó aproximadamente un año, quedó prolijamente registrada en un blog en el que se incluye material como la siguiente hoja de bocetos:
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El mismo equipo había producido, un año antes, otro notable corto titulado L’âme seule (El alma sola), sobre un solitario personaje que, cuando acaba de descubrir qué es exactamente lo que le falta y, en consecuencia, lo hace sentirse tan abandonado, de pronto presiente que ha llegado el fin de su atormentada soledad. Sin embargo… lo mejor es entrar al sitio oficial y ver el corto: dura cuatro minutos.
LA ESCUELA
Creada en 1999 por Franck Petitta –actual director general–, la EESA ya ha entregado al mercado cinematográfico europeo seis promociones de Técnicos en Animación y en Efectos Especiales, todos formados en los exclusivos salones del pequeño castillo George Méliès, rodeado de jardines.
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De Avellaneda Blues a Avellaneda Google
Julio 3, 2008En 1969, la ciudad bonaerense le sirvió a Manal para un blues sentimental; ahora, a 6 años del asesinato de dos militantes, se los recordó parodiando al buscador global.



Las dos fotos de arriba fueron enviadas por Santiago Segura, lector platense de Adlatina Lado B; la de abajo pertenece a los autores mismos del mural; y la canción es “Avellaneda Blues”, grabada por Manal en 1969.
LA CANCIÓN
La letra, grabada en 1969, perfectamente podría ser la banda de sonido del triste episodio ocurrido el 26 de junio de 2002 en la estación de Avellaneda, en las afueras de la ciudad de Buenos Aires, cuando dos militantes desocupados, Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, fueron asesinados por la policía. En uno de los primeros blues cantados en castellano, con el acompañamiento del bajista Alejandro Medina y el guitarrista Claudio Gabis, el baterista, compositor y cantante Javier Martínez cantaba:
Vía muerta, calle con asfalto siempre destrozado. / Tren de carga, el humo y el hollín están por todos lados. / Hoy llovió y todavía está nublado.
Sur y aceite, barriles en el barro, galpón abandonado. / Charco sucio, el agua va pudriendo un zapato olvidado. / Un camión interrumpe el triste descampado.
Luz que muere, la fábrica parece un duende de hormigón / y la grúa, su lágrima de carga inclina sobre el dock. / Un amigo duerme cerca de un barco español.
Amanece, la avenida desierta pronto se agitará. / Y los obreros, fumando impacientes, a su trabajo van. / Sur, un trozo de este siglo, barrio industrial.
LA INTERVENCIÓN
El sábado 21 de junio, en una de las paredes exteriores del estadio del club Estudiantes de La Plata, el colectivo militante Sienvolando (que se presenta a sí mismo como “un grupo que realiza distintas acciones entre ellas murales, grabados, afiches, calcomanias, stencil, pinturas, arte y comunicación”) tomó pinturas de colores, escaleras y brochas gordas y estampó, con el formato exacto de una página, lo que se ve en las fotos de arriba: una parodia de la home page de Google en homenaje a Kosteki y Santillán.
Pero no cualquier parodia: siguiendo la ya tradicional costumbre del buscador estadounidense de aprovechar sus dos letras “o” para recordar toda ocasión o festividad que se presente en el calendario, los creadores platenses estamparon en ellas los rostros de los dos militantes asesinados seis años atrás.
Y no sólo eso: además, después de bautizar como Google Avellaneda el flamante espacio virtual, lo hostearon verdaderamente en la web, con el diseño que se ve a continuación, y en la URL a la que se accede a través de la imagen de abajo:

Finalmente, todos los links habituales de la home page de Google fueron levemente modificados y adaptados para la ocasión. Así, el de “Voy a tener suerte” pasó a ser “Voy a buscar justicia!”; “Buscar” fue reemplazado por “Cajoneo del gobierno”; “Preferencias” se convirtió en “Compromiso”; “Herramientas del idioma” en “Herramientas de lucha”; etcétera.
Literalmente, Avellaneda Blues significa tristeza de Avellaneda. Con 39 años de adelanto, Javier Martínez no podía haber imaginado un título más apropiado.
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Qué mundo de sombras maravillosas
Julio 2, 2008El espanto de ayer le deja hoy paso a la armonía: “What a wonderful world”, la canción que inmortalizó Louis Armstrong, entonada por sombras chinescas.
El éxito del video fue tal que su autor, el “inusualista” australiano Raymond Crowe, debió editar algunos de sus principales trucos en un libro titulado “A Wonderful World of Hand Shadows”.
LA CANCIÓN
What a wonderful world es un tema escrito por Bob Thiele (bajo el seudónimo de George Douglas) y George David Weiss, que fue grabado por primera vez por Louis Armstrong y editado como un disco simple en el otoño de 1967. En 1999, los premios Grammy lo incorporaron al Hall de la Fama.
Concebida, en tiempos de escalada bélica estadounidense, exactamente como lo que parece, una oda al placer de disfrutar la vida de todos los días, la canción pasó en un primer momento absolutamente inadvertida en los Estados Unidos. Sin embargo, nacida con destino de grandeza, fueron los ingleses quienes la consagraron de inmediato: rápidamente alcanzó el primer puesto de los rankings ingleses y, en 1968, se convirtió en el simple más vendido del año, un récord que llevó a su negro intérprete a transformarse en el cantante más viejo en alcanzar el primer lugar de los charts, con 66 años y diez meses de edad.
Con 2:19 minutos de duración, la –simplísima y breve– letra completa dice:
I see trees of green, red roses too.
I see them bloom, for me and you.
And I think to myself what a wonderful world.
I see skies of blue, and clouds of white.
The bright blessed day, the dark sacred night.
And I think to myself what a wonderful world.
The colors of the rainbow, so pretty in the sky
are also on the faces of people going by.
I see friends shaking hands, saying ‘how do you do’,
they’re really saying, ‘I love you.’
I hear babies cry, I watch them grow;
They’ll learn much more than I’ll never know.
And I think to myself what a wonderful world.
Yes, I think to myself what a wonderful world.
EL “INUSUALISTA”
Es el mismo Raymond Crowe quien se presenta a sí mismo no como ilusionista –la palabra genérica con que suele calificarse a magos, prestidigitadores y demás héroes del arte de la ilusión visual–, sino como “el único inusualista de Australia”.
Lo notable del caso es que, hasta el momento, nadie ha podido desmentir su afirmación, pues no sólo ha sido ovacionado por públicos de los cinco continentes, sino incluso por auditorios especializados compuestos únicamente por hasta tres mil magos, en diferentes convenciones del rubro.
Lo suyo, por otra parte, no se basa únicamente en su increíble habilidad con las manos –como puede comprobarse en el video de hoy–: también es mimo, ventrílocuo, mago tradicional y algunas variantes más, todas en un nivel excelso. Ha expuesto su capacidad en el programa televisivo de David Letterman, en un show en el Caesars Palace de Las Vegas que fue seguido por 20 millones de televidentes de todo el mundo y, el año pasado, delante de la reina Isabel II de Inglaterra.
LA MEZCLA
No queda mucho más que decir, en realidad. Solamente llamar la atención sobre el increíble hecho de que Crowe, en el video de arriba, no se dedica únicamente a acompañar la letra entonada por Louis Armstrong con formas casi imposibles generadas únicamente por sus dos manos: además, esas formas –que van tomando diversas personalidades animales y contornos, todos aparentemente reales– abren sus bocas y entonan What a wonderful world a dúo con el cantante negro más popular del siglo XX.
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Del encanto al horror en cuatro fotos
Julio 1, 2008En una propuesta no apta para personas impresionables, el estadounidense Chris Jordan deja entrever qué hay realmente detrás del ser nacional de su país.

“We the People” (Nosotros, la gente) son las primeras tres palabras de la introducción a la Constitución de los Estados Unidos, sancionada el 17 de septiembre de 1787. El fotógrafo Chris Jordan las reproduce en su obra “Constitution”, de este año, exactamente con el mismo diseño que el original (que puede verse aquí a la izquierda, en versión completa y a gran tamaño haciendo clic)… Pero por favor no haga scroll down sin haber leído la explicación que sigue.
Durante diez años, el hoy fotógrafo profesional Chris Jordan trabajó como abogado corporativo. Hasta que su instinto artístico, recibido de primera mano de sus padres y reprimido hasta entonces en lo que a ocupación respecta, fue más fuerte. “Mi padre era coleccionista de fotografías y mi madre, acuarelista profesional –recuerda hoy Jordan–. Por eso, diría que mi interés por el arte viene prácticamente de la cuna. Durante los diez años que trabajé en cuestiones legales, mi corazón nunca dejó de estar en mis fotos. Traté de hacer las dos cosas a la vez, pero siempre sentía que no le dedicaba a la fotografía todo el tiempo que yo quería. Mis amigos siempre me decían que dejara el derecho y me dedicara de una vez por todas a eso que yo amaba, pero el temor al fracaso me paralizaba. Finalmente, ya cuando estaba cerca de cumplir cuarenta años, comencé a experimentar una nueva clase de temor –el temor a no vivir mi vida–, y eso me permitió hacer por fin el gran cambio”.
Dedicado desde hace unos años a registrar en colores vivos la enorme contradicción de la vida moderna y sus exagerados niveles de consumo, de gasto y de desperdicio, Jordan logró, entre 2003 y 2008, exponer en solitario en galerías de arte de sitios tan distantes como Antrim (Irlanda), Maderno (Italia), Vancouver (Canadá), Madrid (España) y su natal Seattle, en los Estados Unidos, además de varias locaciones de distintos estados de ese país.
Exhibió Intolerable Beauty (Portraits of American mass consumption) entre 2003 y 2005, In Katrina’s Wake (Portraits of loss from un unnatural disaster) en 2005 y, desde el año pasado, viene exhibiendo y ampliando Running The Numbers (An American Self-Portrait).
Una de las estremecedoras imágenes de Running The Numbers es precisamente la que se exhibe aquí hoy.
Una imagen que, vista de lejos, entendida simplemente como una reproducción fotográfica de las primeras tres palabras de la Constitución de los Estados Unidos, parece no decir nada, e incluso ser levemente anodina… hasta que uno comienza a acercarse a ella.
UN POCO MÁS CERCA…

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HASTA QUE…
… uno finalmente descubre que lo que Jordan había retratado allí, lo que en realidad estaba dando forma a ese “We the People” tan inocuo y hasta inofensivo, eran nada menos que algunas de las 83.000 fotografías que los protagonistas del hecho tomaron en la prisión de Abu Ghraib en Irak, entre 2003 y 2004.
Allí, según explica Wikipedia, “se sucedieron numerosos casos de abuso y tortura de prisioneros encarcelados (…) por el personal de la Brigada 372 de la Policía Militar de los Estados Unidos, agentes de la CIA (agencia gubernamental de los Estados Unidos) y contratistas involucrados en la ocupación de Irak. La investigación criminal realizada por el ejército de los Estados Unidos se inició en enero del 2004 a raíz de la denuncia anónima efectuada por el sargento Joseph Darby. Los informes que le siguieron, así como también las fotografías que mostraban personal militar estadounidense abusando de prisioneros, causaron un gran revuelo mundial cuando en abril, el programa 60 minutos de la CBS y un artículo de Seymur M. Hersh en la revista The New Yorker destaparon la historia”.
Es hora, querido lector, de terminar de bajar y enfrentarse finalmente con lo que realmente componía ese “We the People” inicial.
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El padre artístico de Jan Svankmajer
Junio 30, 2008El ciclo dedicado al animador checo termina con una obra mayor, estrenada cuando él tenía 18 años: “Vecinos”, del escocés-canadiense Norman McLaren, de 1952.
“Vecinos”, que dura 8 minutos, obtuvo en 1953 el Oscar al Mejor Documental; la violencia del corto, que va in crescendo, incluye una breve escena de golpes domésticos que hoy no sólo sería considerada políticamente “demasiado” incorrecta, sino que difícilmente sería permitida.
Último del ciclo de cuatro lunes dedicado al checo Jan Švankmajer, su obra y sus influencias.
Y lo de “su obra y sus influencias” se debe justamente al material que se exhibe hoy: los primeros tres lunes fueron cortos dirigidos por el checo; hoy, uno muy anterior. Nadie ha probado que Vecinos, de Normal McLaren en 1952, haya ejercido una influencia directa sobre las creaciones del animador nacido en Praga en 1934. Pero analizar una y otra lleva indudablemente a concluir que en algún momento, ya fuera como joven y promisorio animador a los 18 años o ya mayor y con una carrera a medio construir, el checo Švankmajer tiene evidentemente que haberse enamorado profundamente de la película del escocés-canadiense. No sólo por la técnica, la variante del stopmotion llamada pixilation, que obviamente no es exclusiva de estos dos directores ni mucho menos, sino porque la combinación de esa técnica con el contenido de análisis del diálogo que han intentado ambos directores –McLaren en la presente Vecinos; Švankmajer en Dimensiones del diálogo, el cortometraje que arrancó el ciclo de Adlatina Lado B, el lunes 9 de junio– los hermana sin vueltas.
Como buen programa de cine, la siguiente información combina algo de información sobre el nuevo director, Norman McLaren, con datos sobre Vecinos, la película de hoy.
EL DIRECTOR
• Norman McLaren nació el 11 de abril de 1914 en Stirling, Escocia.
• Estudió diseño de escenografía en la Glasgow School of Art. En la universidad, como no tenía presupuesto para acceder a una cámara, comenzó a experimentar con la animación dibujando directamente sobre los rollos de película: un antecedente fundamental para su posterior especialización.
• Su primera película, Seven till five (1933), fue claramente influida por la obra de Sergei Eisenstein, pero todavía era demasiado formal. La segunda, Camera makes whoopee (1935), ya era más elaborada e incluía algunos lujos que para McLaren se había hecho posible a partir de su adquisición de una cámara de cine Kodak: una buena cantidad de trucos de cámara.
• Recién recibido, McLaren se mudó a Londres. Allí dirigió algunos cortometrajes menores y terminó viajando a Nueva York en 1939, apenas antes de que se declarara ñla Segunda Guerra Mundial. Tras dos años en Manhattan, recibió una invitación para trasladarse a Canadá para trabajar en el National Film Board, abrir un estudio de animación y formar animadores locales.
• Ese traslado marcaría su carrera de modo definitivo. Tanto que no sólo se quedó en ese país a vivir y en el NFB a trabajar, sino que incluso con el tiempo adoptó la nacionalidad canadiense.
• Con los años se haría famoso por sus experimentos con las imágenes y los sonidos y por sus hallazgos técnicos para combinar y sincronizar la animación con la música.
• En 1955 ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes por Blinkity Blank.
• En los años 50 y 60 trabajó con la Unesco en programas para enseñar cine y técnicas de animación en la China y la India.
• En 1968 recibió la Orden de Canadá, un honor elevadísimo. Y en 1982 fue el primer anglófono que recibió el premio Albert-Tessier, que se entrega a personas cuya carrera se destaca especialmente en el cine de Québec.
• McLaren murió el 27 de enero de 1987 en Montreal, Canadá.
• El National Film Board lo honró rebautizando su sede central en Montreal: hoy se llama Norman McLaren Building.
• En 1990 la misma NFB produjo un largometraje documental dirigido por Don McWilliams y basado en la vida y la obra del artista nacido en Escocia en 1914: Creative Process: Norman McLaren.
LA PELÍCULA
• Neighbours (Vecinos) fue producido por el National Film Board de Canadá y estrenado en 1952.
• Dura 8:06 minutos.
• Un año después se quedó con el Oscar al Mejor Documental y con un Premio Especial del Canadian Film Award.
• Además de una combinación brillante de imágenes y sonidos, el film supuso en fortísimo mensaje social a favor de la paz y en contra de la guerra y la violencia en general.
• Está resuelta con una técnica que es una variante del stopmotion conocida como pixilation, utilizada cuando los fotografiados sucesivamente no son objetos inmóviles sino seres humanos. La primera película que se conoce, generada con esa técnica, es Jobard ne peut pas voir les femmes travailler (Jobard no puede ver trabajar a las mujeres), dirigida por el caricaturista francés Emile Courtet (1857-1938) en 1911.
• McLaren creó la banda de sonido rascando los bordes de la película, en una muestra más de sus habituales investigaciones sonoras.
• El argumento es más que simple: dos vecinos (los actores Jean Paul Ladouceur y Grant Munro viven en paz y armonía hasta que una pequeña pero subyugante flor aparece precisamente sobre la línea que divide implícitamente sus jardines. Lo que sigue no es más que una metáfora visual, cruda y desacostumbradamente violenta para la época, de lo que históricamente ha separado a los seres humanos: la lucha por una posesión. Aquí, la flor representa lo que uno quiera imaginarse: el poder, el dinero, la fama… Todo.
Por cuarta y última vez (al menos en lo que se refiere a este ciclo; probablemente habrá muchas más ocasiones): vía Kato Asato, docente de la Escuela Superior de Creativos Publicitarios y responsable de la variante de e-learning bautizada Creativos En Línea. ¡Gracias y hasta la próxima, Kato!
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Limpiar las paredes puede ser vandalismo
Junio 27, 2008El arte del “graffiti invertido” consiste en escribir limpiando paredes sucias y tiene muy pocos representantes en el mundo, que son perseguidos por su… limpieza.


A comienzos de 2007, el brasileño Alexandre Orion (arriba) ornamentó las paredes de un túnel de San Pablo con calaveras “limpias”; el túnel las exhibió hasta que las autoridades decidieron tomar el toro por las astas y limpiaron por completo las paredes del túnel.
Desde hace algunas semanas, el inglés Paul “Moose” Curtis se encuentra en San Francisco, contratado por la marca de productos de limpieza Green Works (de Clorox), limpiando las paredes del túnel de Broadway y estampando en ellas siluetas de árboles y plantas oriundos de California; en este video Moose explica el proyecto (en inglés).
Quien mejor presentó el tema fue el periodista Matt Chapman, del portal www.inhabitat.com, en una nota publicada a comienzos del año pasado: “¿Cuándo puede el acto de limpiar las veredas ser considerado un crimen? –se preguntaba Chapman. Y de inmediato se respondía–: Cuando lo estás haciendo para crear arte, obviamente”.
Desde hace un tiempo, unos pocos artistas, en distintos rincones del mundo, están expresándose a través de herramientas que no son las clásicas del arte. En vez de pinceles y lápices, esponjas y cepillos. En vez de óleos o acuarelas, agua y jabón. Y en vez de lienzos en blanco, paredes bien sucias. Necesariamente sucias: sin la pegajosa suciedad que el tiempo va depositando en ciertos muros clave de las ciudades más pobladas –sobre todo en aquellos muros que se encuentran junto a calles de intenso tránsito de automóviles–, el arte de los graffiteros invertidos carece por completo de sentido. Y no sólo se vuelve inútil: simplemente se hace imposible.
DOS LIMPIADORES DOS
Nacido en Leeds, Inglaterra, Paul Moose Curtis cuenta que la inspiración le llegó diez años atrás, cuando se encontró con paredes cubiertas de smog en las que la gente, con el simple mecanismo de pasar el dedo por ellas, había dejado escrito su nombre. Un mecanismo de inspiración que también podía haberle ocurrido al ver las palabras “Wash me” (en la Argentina sería “Lavame, sucio”) estampado, dedo mediante, en los parabrisas traseros de los autos y las lonas de los camiones… sucios.
Pese a que Moose fue con el tiempo haciéndose más y más conocido en su ciudad natal y comenzó a ser contratado por anunciantes como Microsoft, Coca Cola, Channel 4 y Smirnoff, el Leeds City Council rápidamente condenó sus prácticas y las consideró explícitamente vandalismo: “Los habitantes de Leeds quieren vivir en un entorno limpio y atractivo, y esperan que sus calles estén libres de graffitis y de publicidad ilegal –anunció en un comunicado–. Consideramos que esta clase de publicidad pícara constituye un daño ambiental y actuaremos contra los anunciantes que la utilicen sin los permisos pertinentes”.
Qué tipo de acción habrá ejercido el Concejo de Leeds contra los anunciantes, nadie lo sabe. ¿Obligarlos a ensuciar nuevamente lo que habían limpiado?
El otro artista-limpiador es el retratado en las dos fotografías de arriba de todo: el brasileño Alexandre Orion, que en el verano 2006/2007 llenó un túnel de la ciudad de San Pablo de calaveras, generadas por supuesto con el idéntico método de limpiar prolijamente las áreas indicadas de las paredes cubiertas de smog.
En su caso, las autoridades no emitieron comunicado oficial alguno, pero sí actuaron rápidamente. Comenzaron limpiando por completo la pared que Orion había ilustrado en primer lugar. Y cuando el artista optó por continuar su obra en la pared de enfrente, no sólo repitieron su acción limpiadora sobre esa pared, sino que repitieron la maniobra con todos los demás túneles de la ciudad.
Arte y ambientalismo –o limpieza, al menos– se habían dado la mano una vez más.
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